Varices vulvares: todo lo que debes saber, sin tabúes y con imágenes

Varices vulvaires : tout savoir sans tabou et en images !

La variz vulvar es una vena dilatada que a veces forma un abultamiento en los labios mayores. Aparece en caso de insuficiencia venosa, y sobre todo durante el embarazo o la menopausia. Existen formas eficaces de prevenirla y aliviarla: ¡dejemos de sufrir en silencio este tabú!



¿Qué aspecto tiene una variz vulvar? Esquemas explicativos

¿Ves esas venas abultadas, azuladas y tortuosas que suben por algunas piernas desde la parte baja de la pantorrilla hasta la corva? Son varices. Aparecen cuando las venas no hacen bien su trabajo y la sangre se estanca perezosamente en ellas en lugar de circular con alegría. Cuando este fenómeno nos afecta en la vulva, puede ser invisible a simple vista o presentar alguno de los siguientes aspectos:


1. Surcos azules, sinuosos y en relieve en la superficie de uno de los dos labios externos.
© Herapreg

2. Una hinchazón de uno de los dos labios externos (también llamados labios mayores).
© Herapreg

3. Un bulto blando localizado en uno de los dos labios externos.
© Herapreg

Vulva hinchada, dolorida o con picor... ¿cuáles son los síntomas?

Según la mujer, las varices vulvares pueden pasar totalmente desapercibidas (las afortunadas asintomáticas), causar molestias o resultar directamente incapacitantes. Estas son las señales que pueden ponerte en alerta:

  • Sensación de pesadez en la vagina
  • La impresión de tener la vulva hinchada
  • Dolores a veces insoportables estando de pie
  •  Picores
  • Dificultad para caminar
  • Dolor durante y después de las relaciones sexuales

 

Un truco: Si «sujetar» la vulva presionando por debajo con la mano, aplicarle frío y quedarte tumbada te alivia, puede que tengas una variz vulvar.

Embarazo o menopausia: etapas de la vida propicias para su aparición

¡La culpa es (otra vez) de las hormonas!

La particularidad de las venas vulvares es que tienen receptores hormonales. Por eso, son sensibles a las variaciones hormonales que vivimos durante el ciclo menstrual, al tomar anticonceptivos como la píldora, con los tratamientos de la menopausia o con el gran bum hormonal del embarazo.

Las embarazadas son, con diferencia, las más afectadas

Es en el momento en que nuestro cuerpo sufre un maremoto hormonal combinado con un aumento del volumen sanguíneo y una dilatación de las venas de la pelvis menor, a su vez comprimidas por el útero y el peso del bebé, cuando las varices vulvares prefieren aparecer. Conviene saber que suelen llegar durante el segundo trimestre de embarazo y con más frecuencia en las multíparas, a partir del segundo bebé. La buena noticia es que en el 90 % de los casos desaparecen después del parto o al terminar la lactancia.

En la menopausia

La otra etapa de la vida favorita de esta patología es la menopausia, porque es una edad en la que los cambios hormonales se suman a un sistema venoso algo más débil. (¡Pues sí! Las paredes de las venas no son una excepción: pierden en tono lo que ganan en madurez.)

¿Cómo aliviar el dolor desde hoy?

¿Medias de compresión o braga de contención?

Hasta ahora, los profesionales sanitarios recetaban medias, pantis o calcetines de compresión. Esta solución, adecuada para las varices de las piernas, suele ser ineficaz o insuficiente cuando el dolor está en la vulva. La braga de contención Pelvinity se ha diseñado especialmente para aliviar al instante las varices vulvares y la pesadez pélvica. Creada en 2021, ha sido probada por mujeres embarazadas y hoy está recomendada por los profesionales sanitarios. En general, el uso de soluciones de contención también evita que los vasos sanguíneos pierdan aún más tono.

Un truco: Este sencillo test te permitirá saber si la braga Pelvinity es la solución que necesitas: presiona con la palma de la mano sobre la zona pélvica. Si notas alivio, te funcionará.

Marie, matrona autónoma

« A partir del sexto mes de embarazo empecé a tener varices vulvares molestas y dolorosas en mi día a día. Estar mucho tiempo de pie se me hacía difícil de soportar. A pesar de los pantis de compresión y los venotónicos, no conseguía aliviar la pesadez pélvica causada por las varices. Así que probé la braga Pelvinity gracias a una conocida que me dio los datos de contacto deEmmanuelle. Desde el primer momento me dio comodidad y me permitió seguir trabajando como matrona autónoma. Me gustó la sujeción de la pelvis y de la zona pélvica. »

Los medicamentos y los remedios naturales

El médico o la matrona que sigue tu embarazo puede recetarte venotónicos para mejorar el tono de las paredes venosas (aunque solo funcionan en el 50 % de las mujeres) y una crema contra el picor (con óxido de zinc) si hace falta. También puede aconsejarte terapias naturales como la homeopatía, la fitoterapia (sobre todo infusiones de vid roja), la osteopatía o la acupuntura. A diferencia de la braga de contención, estos tratamientos requieren tiempo para notar resultados.

Gestos diarios para frenar la aparición o el empeoramiento de las varices vulvares

● Evita cruzar las piernas

● Evita la ropa demasiado ajustada

● Evita los baños calientes; mejor chorros de agua fría desde los tobillos hasta la zona pélvica

● Aplica frío para contraer los vasos. Puedes usar una bolsa de guisantes congelados o fabricar un parche helado «casero». (La receta: coge una compresa. Pásala por agua. Córtala en 2 y métela en el congelador. Espera dos horas... ¡y lista!)

● Hazte masajes drenantes empezando por los dedos de los pies y subiendo hasta la parte alta del muslo

● ¡Camina! ¡Camina! (Si no te duele y no hay contraindicación)

● Ve a la piscina, a clases de pilates o de yoga

● Eleva las patas de los pies de la cama

¿Hay que preocuparse por el parto?

Si estás embarazada y tienes varices vulvares, tranquila: no hay contraindicación para un parto vaginal. En casos extremos y poco frecuentes, si el equipo médico detecta un riesgo de hemorragia, puede optar por una cesárea. Es mejor hablarlo antes del gran día para quedarte tranquila.

Flebólogo, ginecólogo, matrona... ¿Cuándo y a quién consultar?

Si entre el 5 y el 10 % de las embarazadas reciben un diagnóstico, cabe pensar que muchas más sufren varices vulvares sin saberlo. Sin embargo, existen tratamientos, siempre que se empiece por un buen diagnóstico.

¿A qué profesional sanitario acudir?

Como esta patología se sitúa a caballo entre la flebología, la ginecología y la obstetricia de las matronas, a veces cuesta saber a quién dirigirse. En primer lugar, pide cita con tu matrona o tu ginecólogo/a, que hará una exploración clínica de la vulva; no dudes en pedir que te exploren de pie, ya que así las venas dilatadas se ven mejor. Según haya o no otros signos varicosos en tus piernas y según tus antecedentes médicos (insuficiencia venosa o trombosis, problemas de salud hereditarios...), podrá derivarte a un médico vascular para una prueba más completa, como un eco-doppler (ecografía que permite observar las venas de las piernas y su flujo sanguíneo).

¿Cuándo hay que consultar?

A esta pregunta respondemos: «¡en cuanto tengas una duda!».
Si no lo haces para aliviar tu vulva, hazlo para aliviar tu mente: ¡las dos te lo agradecerán!

Variz vulvar... ¿por qué a mí?

Si te toca esta plaga sin estar embarazada, puede deberse a una insuficiencia venosa. En ese caso, la dilatación de la vena en la vulva suele ir asociada a varices situadas más abajo, en las piernas, o más arriba, en el caso de las varices pélvicas. Distintos factores pueden influir en su aparición, como el sedentarismo, el sobrepeso y la herencia.

¿Por qué es tan tabú?

Hablar de la variz de la pantorrilla está bien, pero de la de la vulva, ¡es tabú! Igual que otros males femeninos como la endometriosis o el síndrome de congestión pélvica, las varices vulvares se guardan en secreto. ¿Y por qué? Puede haber varias razones.


@Azalée. Vrac Féministe.

«Una variz vulvar da un poco de vergüenza...»

La primera se debe seguramente a su localización. El pudor puede frenar a una paciente a la hora de hablar de un problema situado en sus genitales.

«No es muy glamuroso...»

La segunda tiene que ver con lo poco estético de esta enfermedad... no es fácil hablar de ello abiertamente en una época en la que lo bonito y lo glamuroso se siguen considerando pilares de la feminidad.

«¿Ah, sí? ¿No es normal que duela?»

La tercera es que, en una sociedad todavía impregnada de preceptos patriarcales, las mujeres que atraviesan la delicada experiencia del embarazo o la menopausia llevan generaciones recibiendo el mismo mensaje: deben esperar molestias, ver cómo cambia su cuerpo, no hacer demasiadas preguntas y aceptar sufrir en silencio por el bien del bebé o porque no es decoroso hablar de «esas cosas».

Por suerte, hoy tenemos la oportunidad de abrir el diálogo sobre estos temas delicados para disipar los tabúes y hablar de soluciones.

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